Hace algunos días, tuve la oportunidad de tener una breve pero agradable charla no relacionada con la medicina con la mamá de un paciente. En la misma ella me contó que su madre es una señora casi una nonagenaria pero muy activa y con una gran memoria, cosa es de admirar. Es oriunda de Ciudad Dolores, un municipio vecino a Sensuntepeque, y entre las anécdotas que les ha transmitido a sus hijos y nietos, está la que hoy les escribo; lo hago con la idea de preservar las historias y que las nuevas generaciones conozcan algunas de las tradiciones de nuestra gente.
La historia va algo así:

Hace muchos años, quizá en las primeras décadas del siglo pasado, en Ciudad Dolores, departamento de Cabañas, cuando un joven pretendía a alguna señorita, ésta no podía aceptar tal proposición, si antes no contaba con la aceptación de su madre.
Para poder conocer el beneplácito materno o su rechazo, el joven colocaba a la entrada de la casa “un tercio de leña” (algo similar a un manojo de la misma) y si era tomado y quemado, era la señal esperada y la pareja podía iniciar una relación con miras a formar un hogar.
Pero si, por el contrario, la leña no era recogida de la puerta después de uno y otro día, entonces ese era signo inequívoco de que el pretendiente había sido rechazado y la relación no podría fructificar.
Texto:
Érika Valencia-Perdomo
















En cantón Nombre de Dios también era así , y en otras ocasiones una matatada de sandias en el patio de la casa, si se comían estas sandias el joven tenía una oportunidad y si no; a seguir enviandolas. Y cuando eran muchas señoritas en esa casa a veces no sabian a quien pretendían.
En cantón Nombre de Dios así se hacía. Y también dejando una matatada de sandías en el patio de la casa si se las comían era señal que estaban de acuerdo con el pretendiente.
Muchas gracias por su comentario, tede1718. Saludos.
En chalatenango mi cuñado hizo eso, con una pretendiente.
al final le quemaron la leña, pero él un día vio a la pretendida hablando con otro tipo y canceló la relacion
Interesante lo que cuenta, Dennis. Gracias por compartirlo en nuestro blog.
Erika , te felicito en tu deseo de preservar anecdotas que en mucho reflejan los tiempos y atavismos, asi como la cultura de los pueblos. En algunos pueblos del sur de Mexico, El pretendiente acostumbrara “apadrinarse” o enviar en avanzada a alguien de respeto o adinerado del pueblo para que fuera a pedir o solicitar autorizacion de la relacion a los padres o familiares inmediatos de la pretendida segun el caso. Soy tambien medico, Mexicano y me gusta escribir sobre cronica y tradiciones de mi pueblo.
Felicidades
Julio
Julio, gracias por tu comentario. Las anécdotas siempre resultan muy interesantes. Cuando querrás, las puertas de “los 400 cerros” están abiertas para vos y tus relatos. Saludos desde Cuscatlán hasta tu hermoso México.
Érika Valencia-Perdomo.