LAS PARTICULARES ACERAS DE SENSUNTEPEQUE. Fotorreportaje y cortometraje.

Sensuntepeque, una ciudad enclavada en un sinfín de cerros, montañas y colinas. Se acuesta cada noche y despierta cada mañana con su propio lenguaje corporal. La ciudad habla. Si uno la mira bien, agudiza los sentidos y escucha los rumores roncos y casi apagados por la modernidad actual, se logra palpar la vieja piel que la recubre y, quizá se logre oír el latido de un corazón centenario que a pesar de estar desnudo y a plena luz del día es ignorado por la gran mayoría de las personas. De sus entrañas surge la historia de su evolución. Sensuntepeque atesora en sus innumerables casas, calles y aceras una historia que muchos lugares de nuestro país y de nuestro continente desearían tener. La gran ventaja de ser una ciudad ubicada en una de las escasa zonas casi asismícas de El Salvador ha permitido que conserve muy buena parte de su patrimonio tangible, en el cual pueden considerarse las innumerables edificaciones centurianas; sin embargo las poco usadas aceras sensuntepecanas son otro tipo de construcciones que de manera silenciosa resguardan la historia del lugar y que a pesar de parecer inertes y sin vida y, que a primera vista pueden ser rechazadas por el ojo humano foráneo, de forma pausada pero constante están gritando -a todo aquel que quiera escucharlas- su vida entera, tal y como un anciano está ansioso de poder conversar con las nuevas generaciones, los andenes abren su espíritu. Analizar la arquitectura de la ciudad les corresponde a los especialistas en el tema; pero nosotros, la gente común y corriente, podemos también ver a través de sus calles y edificios, de sus casas viejas y nuevas y de sus aceras, como la vida va dejando su huella indeleble.

Las formas, alturas, anchuras y angosturas de las aceras en cuestión, son un verdadero dolor de cabeza para el peatón y para el motorista y, de primera intención no se logra entender la forma en que han sido contruidas, mucho menos cuando no prestan la utilidad pública que deberían. Múltiples veces nos hemos preguntado: ¿hay algún sentido estético o práctico en sus construcciones? Seguramente que en algunas sí; ¿pero en todas? ¿Cómo llegaron a edificarse aceras de un metro de altura? ¿Por qué no hay andenes en muchos lugares, exponiendo a los peatones a ser atropellados? ¿Qué entidad es la encargada de regular estas situaciones y por qué permite que existan tan disparejos e inútiles cúmulos de concreto?

Cuando empezamos a preguntarnos el porqué de este tipo de situaciones urbanísticas nos surgieron muchas teorías, algunas más desquiciadas que otras; podemos mencionar algunas:  1- Que en los principios del siglo XX muchos de los dueños de las casas eran poseedores de caballos y era más fácil la subida y bajada de estos animales si las aceras estaban a una altura de unos 50 centímetros (aún se pueden ver caballos y mulas por las calles de la ciudad). 2- La topografía de un terreno influye de alguna manera en la ciudad que crecerá en él. Y la forma del suelo de Sensuntepeque está sujeto a los numerosos cerros de donde proviene. Por eso Sensuntepeque tiene calles en forma de hamaca, en las que como médicos podemos decir que son una buena prueba de esfuerzo cardíaco y, las aceras fueron construidas de forma “recta” para hacer sentir a las personas que caminaban en una superficie no en declive.  3- Las casas se construyeron de forma desordenada sin respetar las especificaciones de urbanismo. 4- Los terrenos no tuvieron una terracería adecuada. Y 5- Las calles se fueron haciendo más profundas con respecto a las aceras por algún motivo desconocido para nosotros.

La calle Doroteo Vasconcelos es el más claro ejemplo de la topografía en hamaca de la ciudad de Sensuntepeque. Las subidas y bajadas son su característica más identificable. Al final de la calle puede verse, si se observa con detenimiento, la iglesia EL Calvario. Mucho antes puede verse la cúpula de la iglesia Santa Bárbara.

Algunas aceras son tan altas y alejadas de la calle que la gente prefiere no caminarlas. Algunas, como la de la foto de arriba tiene gradas, pero aun así los sensuntepecanos prácticamente no la usan. 
Esta acera es muy alta y no tiene gradas para subir a ella. Es una acera estéril para el uso práctico que debería desempeñar, es decir, brindar espacio y protección a los que van a pie.
Otras aceras, además de altas, terminan de una manera abrupta y sin lógica, sin un fin práctico para el transeúnte, como se puede observar perfectamente en las fotos de arriba y de abajo. 

Esta acera que va creciendo en espesor a medida que baja, nos muestra como se ha tratado de “aplanar” la topografía en ondas.
Algunas aceras son tan estrechas que la dificultad para caminar en ellas es más que evidente.

Algunas otras aceras francamente no existen, como puede observarse en la foto de arriba y en la de abajo. La gente tiene que caminar sobre la calle sin discusión alguna.

Esta acera es ancha, pero los cortes de gran altura hace casi imposible transitar sobre ella.
Es interesante también ver como algunas aceras se encuentran dispuestas y construidas de una manera más benévola para el peatón, tal como puede observarse en la fotografía de arriba y en la de abajo.

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Acera antigua.
En esta fotografía puede verse el contraste de una acera vieja con una acera de una construcción más nueva.
En esta foto se puede ver la total descoordinación en la costrucción de esta acera.

Argolla en una acera, que recuerda que en un tiempo los caballos eran el medio de transporte de los sensuntepecanos.

Discutimos el tema durante algunas semanas y luego de concluir que no llegaríamos a una respuesta satisfactoria, decidimos salir y preguntarle a las personas oriundas de Sensuntepeque: ¿porque las aceras son tan peculiarmente distintivas en esta ciudad?

Decidimos dejarnos llevar por la voz que sale de la garganta de concreto de esta ciudad, esa voz que gritan sus aceras, y descubrimos historias maravillosas, llenas de magia y salpicadas con el recuerdo de la niñez perdida para algunos y de la nostalgia de reconocer lo perdido.

A continuación, y para finalizar, les presentamos el cortometraje ACERAS DE SENSUNTEPEQUE, en donde escucharemos los testimonios y opiniones de la gente de esta ciudad de los 400 cerros.

Cortometraje

ACERAS DE SENSUNTEPEQUE

Texto:

Érika Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Óscar Perdomo León

Cortometraje realizado por
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO 
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Este cortometraje fue grabado con la cámara de un teléfono celular.
Edición:
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN
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Acerca de Óscar Perdomo León

Doctor en Medicina. Amante de la música, la literatura, el cine y la fotografia. En otras palabras, médico, poeta y loco. Physician. Art lover. Soy un “escribidor” que ama leer y escribir. Mi blog personal: LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN http://oscarperdomoleon.wordpress.com/
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3 respuestas a LAS PARTICULARES ACERAS DE SENSUNTEPEQUE. Fotorreportaje y cortometraje.

  1. Jonathan dijo:

    Creo que eso de las aceras le da su encanto a Sensuntepeque. Es un pueblo con cierto encanto. Me parece que el cambio en las calles dio como resultado este curioso matiz
    Saludes

  2. Jonathan dijo:

    felicidades a la modelo…..

  3. Carlos Prudencio dijo:

    Muy interesante el reportaje hace revivir recuerdos de cipote, como la vez en que me caí en una de las excavaciones para la tubería que instalaron antes de adoquinar la calle donde crecí. Que tiempos aquellos…
    Felicidades Doctores y sigan adelante.

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