LOS DIARIOS DE LOS MALOS DÍAS

Emma Alfaro 3

Todos y cada uno de nosotros tenemos malos días. No decidimos tenerlos. Un día despertamos como cualquier otro, pero todo cambia. Le pasa algo a nuestra familia, nuestros proyectos salieron mal, un amigo está enfermo, perdimos a alguien que amábamos o simplemente no tuvimos buenas horas de sueño. Claro está algunas cosas son más díficiles de sobrellevar que otras, pero en ningún momento eso hace, ante nuestros ojos, que las cosas sean más fáciles. Todos tenemos un día de esos en los que sentimos algún grado de derrota. Más importante aún todos reaccionamos de maneras tan diversas que algunas veces, como me pasa a mí a menudo, pensamos que vamos a enloquecer.

A veces es inevitable sentir tristeza y hay días llenos de recuerdos dolorosos. Yo tengo mis propios días de no querer encarar el mundo. Creo que todos tenemos esos días en el que “bien” es una respuesta gastada y monótona. De alguna forma queremos que alguien diga que no lo estamos, porque eso significa que le interesa y de igual manera también deseamos que las personas finjan que todo está bien porque no queremos hablar de ello. Y las dualidades se comienzan a hacer fuertes dentro de nosotros. Sentimos la necesidad de compartirlo con alguien y muchas veces con la misma intensidad sólo deseamos estar solos.

Muchas personas dan consejos como dejar de preocuparse, sonreir y poner buena cara a la vida, ser positivo, etc, etc. Y no digo que estén mal, pero si prestas atención a lo que dicen, una buena parte será de cosas que les preocupan. Muchos de ellos no se sentirán bien de sonreir cuando lo que quieren es llorar y otros tal vez estan cansados de decir que “todo irá bien” cuando la vida se ha vuelto un asco.

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Los malos días nos ponen en disyuntivas de todo tipo y por mucho que nos preparemos para ellos, no hay garantía de que cuando los tengamos seremos asertivos. Y con todo lo que digo no pretendo hablar por los demás. Hablo por mi persona, por la forma en la que yo lo veo. Mi punto de vista puede ser tétrico o muy deprimente, pero me funciona o eso es lo que suelo decir. De alguna manera creo que logramos manejar los malos días a base de mentirnos a nosotros mismos. Decirnos que estamos bien y decirselo a los demás para en parte convencernos a nosotros mismos de que un día será verdad.

Sé que para superar un mal momento se debe tener voluntad para salir adelante, pero mi experiencia me ha enseñado algo distinto. El tiempo dedicado a sufrir está infravalorado. De una u otra manera sólo queremos terminar con nuestros períodos malos lo más rápido que se pueda para volver a nuestras vidas y a veces no nos damos cuenta de que ese dolor también es parte de la misma. Queremos huir, tirar esa carga lejos y dejarla en un camino que pensamos no volveremos a surcar. Queremos que las cosas sean como antes o que simplemente esten mejor.

Anhelamos con fuerza dejar de sufrir y muchas veces simplemente suprimimos esa parte. Salimos con una sonrisa, decimos que estamos bien, nos comportamos como si nada significativo hubiese pasado, reímos con nuestros amigos, mentimos sobre la tristeza reflejada en nuestros ojos y en el peor de los casos finjimos demasiado bien el papel de la persona a quien las crisis no le afectan.

El despreocupado, el desinteresado, la persona alegre, la persona feliz, el que hace reír a todos, el que supera las cosas rápido, el que no tiene nada (refiriéndonos a problemas, cuando a veces de verdad sentimos que no tenemos Nada) y así sucesivamente. Y con experiencia sé que funciona. Un día la actuación es tan real que hasta nosotros la creemos. Pensamos que hemos seguido adelante y que la tristeza no es para nosotros. Y de repente pasa. Un día estamos mal de nuevo, con o sin explicación.

A veces sufrir por algo es necesario. No todo dolor es bueno, no todo dolor enseña algo, no todo dolor es soportable, no todo dolor nos hace más fuertes. Eso es una realidad de la que debemos estar conscientes. Algunos dolores nos derrumban, de otros no nos recuperamos y los peores nos hacen vivir en autocompasión sufriendo sin sufrir nuestra desdicha. Y sin embargo digo que el tiempo dedicado a sufrir está infravalorado, porque en ocasiones la única forma de seguir adelante es dándose el tiempo de sufrir.

Llorar porque murió un ser querido, estar triste porque algo salió mal, decepcionarnos porque nuestros sueños constantemente se truncan, gritar porque no hay palabras para describir la frustración, enojarnos para ocultar nuestra tristeza y todas y cada una de las cosas que hacemos cuando de verdad algo nos duele en lo más recondito de nuestro ser. El dolor es de alguna manera un puente para poder dejar atrás lo malo que estamos viviendo y como un puente también puede derrumbarse bajo el peso que pongamos en él. Podemos ir caminando hacia un nuevo camino, no precisamente uno mejor o peor ni tan siquiera uno diferente y existe la posibilidad de estancarnos en el hueco que hay entre lo recorrido y lo que falta por recorrer.

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El lugar en el que nos encontremos es nuestra decisión, pero jamás será fácil o evidente. A veces necesitamos ayuda para salir de ahí y no todas la veces tenemos la voluntad de pedir socorro. No siempre tomamos las manos que quieren ayudarnos a sacarnos del lodo y en tantas ocasiones no nos damos cuenta de que estamos en el hueco hasta que algo empieza a hacernos caer más y más profundo. Algunas veces un tiempo a solas ayuda y otras un abrazo. No hay una forma correcta o mejor aunque a veces así lo parezca. Sólo está la opción de seguir hacia adelante (solos o con ayuda) ya sea por atajos o por el puente, o quedarnos lejos de todo en nuestra suciedad.

Hacer un nuevo camino y un nuevo viaje es la última opción que queda, pero la mejor manera de lograrlo es pasando por alguna de las otras dos opciones. Esquivando cosas o dándoles lucha. Creo que todos tenemos malos días y no hay nada mal con ello ni con nuestras formas de encararlos. Y si hemos llegado hasta donde estamos es porque algo bueno estamos haciendo de todo ello. Ya sea poco o mucho, pero hemos durado un día más y aunque sea la parte más escondida y pequeña de nosotros: Aún tenemos esperanza de que un día todo estará mejor.

 

Escrito por

Emma Alfaro

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Acerca de Óscar Perdomo León

De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco. Doctor en Medicina. Amante de la música, la literatura, el cine y la fotografía. Physician. Art lover. Soy un “escribidor” que ama leer y escribir. Mi blog personal: 1-LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN oscarperdomoleon.com /////Mis otros blogs son: 2-LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR erikayoscarlaesquina.com //3-LA LUZ Y LA SOMBRA laluzylasombradeoscarperdomoleon.blogspot.com //4-MÁS ALLÁ DE LOS 400 CERROS masalladelos400cerros.wordpress.com
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